sábado, 30 de noviembre de 2013

«Fringe», emoción en la ciencia

Atención: este artículo desvela contenido de la serie.

«Fringe» es una interesante serie de ciencia ficción que trae a escena situaciones que se encuentran en los límites de lo que la técnica puede crear y la ciencia puede explicar a principios del siglo XXI, tratando de hacer científicamente verosímil lo extraordinario.

Inicialmente, ciertos sucesos extraños son investigados por un grupo especial de la policía de Boston bajo el mando del agente Philip Broyles. Dichos sucesos tienen claros indicios de criminalidad y parecen inexplicables, casi sobrenaturales. La joven agente Olivia Dunham es una mujer de acción que desde el principio destaca como la líder del equipo. Para ayudar a entender los «eventos fringe», el equipo ficha al Dr. Walter Bishop, rescatándolo de un sanatorio psiquiátrico en el que ha estado recluido durante diecisiete años. El Dr. Bishop es un científico de facultades intelectuales extraordinarias, con un coeficiente intelectual muy por encima de lo habitual, que domina todas las ramas de la ciencia. Sin embargo, el prolongado internamiento en el psiquiátrico ha mermado su capacidad de desenvolverse con soltura en la vida cotidiana y resulta difícil de manejar. El único modo de hacer viable su participación en el «equipo Fringe» es incorporar también a su hijo Peter Bishop al equipo, de quien se mantenía alejado desde que fue internado en el sanatorio. Peter es un joven inteligente, con vastos conocimientos en electrónica y en el arte de reventar dispositivos de seguridad.

Walter Bishop es un hombre de edad madura, en el límite de lo que sería la edad de jubilación típica, transido de manías de toda índole. Solo está dispuesto a colaborar como científico del equipo bajo ciertas condiciones. La principal de ellas es establecer como lugar de trabajo su antiguo laboratorio de la Universidad de Harvard, santuario de la ciencia al límite.

En su etapa previa al ingreso en el psiquiátrico, Walter Bishop trabajó conjuntamente con otro gran científico, William Bell. Bell, no solo tenía grandes dotes científicas, sino también una inigualable visión empresarial, lo que le permitió fundar General Dynamics, el mayor imperio empresarial en el mundo de la tecnología al límite. El olvidado y subterráneo laboratorio de Harvard contrasta con el suntuoso y futurista rascacielos de General Dynamics.

Mientras que William Bell permanece apartado del mundanal ruido, la vicepresidenta de General Dynamics, Nina Sharp, es la que lleva realmente las riendas de la empresa. General Dynamics aparece sospechosamente vinculada a algunos de los eventos fringe. Nina Sharp es una mujer madura de mirada penetrante y con un instinto muy agudo. Nina y Broyles mantienen una relación ambigua y conversan acerca de la agente Duhnam, en quien ven a una mujer singular y muy brillante. Con una mirada que denota enorme confianza y sobrecoge al espectador, Nina declara a Broyles su facultad para detectar el talento de la gente al instante.

La narración mantiene a la empresa General Dynamics y a su agudísima vicepresidenta en terreno ambiguo. La agente Duhnam sospecha, pero no consigue desvelar la verdadera relación entre los crímenes investigados y General Dynamics.

Los episodios se suceden mostrando la extraordinaria capacidad intelectual de Walter Bishop para afrontar todo tipo de fenómenos incomprensibles para el común de los mortales. No obstante, esa monumental capacidad intelectual no es óbice para su enorme sensibilidad emocional, materializada, más que en ningún otra cosa, en el amor a su único hijo Peter. La agente Astrid es destinada al viejo laboratorio de Harvard para asistir al Dr. Bishop en sus experimentos científicos y, sobre todo, para suplir su inhabilidad social.

La sensibilidad emocional de Walter no se limita al amor hacia su hijo, sino que ofrece múltiples facetas: su gusto por la música, único consuelo en los momentos difíciles, su afición a elaborar dulces y otros platos y, en general, su capacidad de asombro ante detalles que pasan inadvertidos a la mayoría. En cambio, los cuerpos mutilados a consecuencia de muchos de los sucesos límite apenas le impresionan.

El equipo Fringe, consolidado y resolviendo casos a velocidad de crucero, se enfrenta a otra situación extraordinaria. Se descubre la presencia de unos hombres extraños que parecen estar presentes en situaciones de especial importancia desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan los archivos fotográficos. Estos hombres visten traje oscuro y llevan sombrero, carecen de pelo corporal, escriben en un diario unos signos indescifrables y exhiben algunas capacidades extraordinarias, como la facultad de adivinar el pensamiento de una persona y decir simultáneamente lo que esta habla. La primera aparición de uno de estos hombres lo presenta comiendo en un bar, añadiendo una cantidad descomunal de picante a la hamburguesa que come. Ese afán por el picante en la comida, unido a su mirada hierática, permite suponer en estos hombres una sensibilidad disminuida. Por otra parte, no parecen intervenir de modo alguno en el transcurso de los acontecimientos, sino que simplemente observan y toman nota de lo que sucede. El equipo Fringe los denomina observadores. Uno de ellos, Septiembre, parece ser un conocido de Walter.

En su juventud, Walter y su desaparecido amigo Bell realizaron algunos experimentos transgresores, desafiando los designios de la Naturaleza. Seleccionaron un grupo de niños con facultades destacadas y les administraron dosis de Cortexiphan, una sustancia que potencia las capacidades del cerebro. Una de las niñas objeto de experimentación fue Olivia. Dichos experimentos dejaron secuelas en los niños. Walter nunca dejó de sentirse culpable de haber realizado experimentos con ellos.

Otro grupo de experimentos transgresores estuvo relacionado con la comunicación con otros universos distintos del universo en que transcurre la narración. Concretamente, Walter y Bell descubrieron un Universo Alternativo, muy similar al nuestro, pero no idéntico. Walter llegó a construir una ventana que permitía observar escenas del otro universo sin ser descubierto. Así, llegó a encontrar a Walternativo, como denominaba a su alter ego en el Universo Alternativo, un científico tan prominente como él, pero con acceso a experimentos más avanzados, debido al estado ligeramente más desarrollado de su universo.

Peter, el hijo de Walter era un niño con una enfermedad sin cura, condenado a morir siendo niño. La misma suerte sufría el Peter hijo de Walternativo. Ambos científicos, en sus respectivos laboratorios, se afanaban sin descanso en descubrir la cura para su hijo. Walternativo llegó a elaborar un experimento crucial, el que llevaría la cura a su hijo. Sin embargo, algo que nunca debió suceder alteró para siempre el destino de su universo; de ambos universos. En el momento en que el color del líquido que se encontraba en un matraz de laboratorio estaba a punto de indicar que la fórmula ensayada era la solución buscada para la cura de la enfermedad, algo distrajo la mirada de Walternativo, con el fatal desenlace de desviar su mirada del matraz unos segundos, el tiempo suficiente para perderse el fenómeno de cambio de color en el líquido. En efecto, la fórmula química, aunque prometedora, era inestable y requería perfeccionarse, pero estaba en el buen camino. Ese suceso que distrajo fatalmente a Walternativo fue la presencia de Septiembre, quien se hallaba allí para presenciar el importante hallazgo científico que estaba a punto de producirse. Al girarse hacia Septiembre, Walternativo no vio el cambio de color y desechó la fórmula. El observador había modificado el resultado del experimento.

Walter presenció toda la escena a través de su ventana y decidió intervenir. Construyó una puerta para viajar al otro universo para llamar la atención a Walternativo sobre la fórmula desechada. El hijo de Walter había muerto y el otro Peter lo haría muy pronto si él no lo impedía. Entretanto, Septiembre era reprendido por los observadores a causa de su torpe intervención en los eventos humanos.

Walter cruzó al otro Universo, a pesar de la oposición de sus amigos, sobre todo, Nina Sharp, quien perdió un brazo tratando de impedir que cruzase. El contacto entre ambos universos podría tener graves consecuencias irreversibles hasta incluso poner en peligro su estabilidad. Al llegar al otro lado, Walter se puso en contacto con su homólogo y este pudo completar la fórmula que permitiría curar a su hijo.

Cumplida su misión, Walter no pudo resistir la tentación y raptó al otro Peter, llevándoselo consigo a su universo, violando una vez más las leyes de los universos. Su apego emocional a su hijo fue más fuerte que el sentimiento de culpa por raptar al hijo de su homólogo, algo de lo que nunca se libraría del todo.

Al entrar de vuelta en su universo, estuvo a punto de ahogarse en el lago en que reapareció con Peter. En ese momento, Septiembre decidió intervenir en el transcurso de los acontecimientos para tratar de subsanar su error previo, salvando a Walter y a Peter de morir ahogados en el lago. Los observadores consideraron que el error de Septiembre quedaba de ese modo prácticamente corregido.

El interés de la serie se desplaza de los temas policiacos rodeados de misterio y de ciencia al límite a la interacción entre los dos universos y al singular papel de Walter y de Peter, quien, a fin de cuentas, procede del otro lado. Al dolor moral de Walter por haber raptado al hijo de Walternativo se une el reproche de Peter por haberle separado de sus propios padres. Además, el hecho de haber cruzado la barrera que separa los universos ha creado ciertas singularidades que ponen en peligro la estabilidad de ambos universos. El más perjudicado ha sido el Universo Alternativo, en el cual aparecen ocasionalmente grietas, lugares prohibidos que deben ser ambarizados, es decir, sellados con ámbar de modo que nadie ni nada pueda circular por esos lugares. Cuando se descubre una nueva grieta, el lugar es inmediatamente ambarizado, sin tiempo para permitir salir de él a las personas, que quedan indefinidamente atrapadas, como en estado de congelación, en el ámbar.

Los capítulos se suceden con las diversas temáticas que han ido desarrollándose desde el principio. Los casos policiacos revestidos de ciencia al límite, solo explicables para la prodigiosa mente de Walter se intercalan con episodios en que se involucran a los dos universos, no excluidos de roces y celos entre los personajes duplicados. Por ejemplo, los dos Walter son sumamente inteligentes, pero Walternativo tiene una mirada más dura, menos escrúpulos y menos desequilibrio emocional. Las dos Olivias son físicamente idénticas, pero la del universo alternativo exhibe una forma de andar más provocativa, con ropas más ceñidas, y su mirada es insinuante, lo que da un aspecto global más sexy. En cambio, carece del sexto sentido y de la capacidad extraordinaria de relacionar información de nuestra Olivia.

A la temática policiaca, científica y de universos paralelos, se une la aparición de cuando en cuando de los observadores, siempre rodeados de misterio y de ambigüedad, creando en el espectador un creciente interés en ellos. Los observadores son muy pocos, solo al final se sabrá que eran doce los de este tiempo, actúan por separado pero se reúnen de vez en cuando. Parecen seguir un código muy estricto. Uno de ellos, no obstante, sufre una desviación en su misión y llega a obsesionarse con una mujer porque está convencido que ella tiene algo especial. Los otros niegan que tenga nada de especial, su papel en la historia de la humanidad es irrelevante y no debe ser seguida. Este observador, en cambio, sigue convencido de su intuición y no deja de seguirla. Su comportamiento le lleva a una situación de vida o muerte de la que acaba saliendo mortalmente herido. En sus últimos instantes, se entiende por qué esa mujer era realmente importante: porque un observador, un ser normalmente inmune a los sentimientos humanos, se había enamorado de ella.

Los observadores no solo son inmunes a los sentimientos sino que les resultan incomprensibles. Su esquema mental se basa en un uso excepcional de la razón lógico-deductiva, pero no comprenden la parte emocional tan presente en los humanos. Sin embargo, Septiembre, quizá más abierto al modo genuino en que se desenvuelven los acontecimientos humanos, llega a intuir algo que influye sobremanera en el comportamiento de ellos, un sentimiento de una fuerza inexplicable, algo que ellos llaman amor. No comprende su razón última, pero advierte su presencia y entiende su repercusión. Quizá el error que cometió mientras observaba al otro Walter en su laboratorio y las dramáticas consecuencias para ambos universos le llevaran a un proceso de reflexión que le permitieron descubrir el amor y, en general, las emociones humanas.

Un romance surge también entre Peter y Olivia, algo que se intuye desde el comienzo. Es un romance que desemboca en amor verdadero y con el tiempo lleva a la pareja a su unión definitiva y al nacimiento de una niña, Etta. Olivia cuenta con poderes especiales, fruto del tratamiento con Cortexiphan y de un don natural. Eso le permite hacer cosas que les son vedadas al común de los mortales e incluso viajar de un universo a otro. Con el tiempo se descubre que el desaparecido William Bell reside en el universo alternativo y tiene un plan para crear un nuevo orden cósmico, en el que Olivia tiene un papel catalizador. Walter lo descubre en el momento crucial y lo resuelve disparando una pistola contra Olivia. La bala atraviesa la cabeza de Olivia. Solo esta terrible acción podía desbaratar los malvados planes del desviado Bell. El propio Walter interviene quirúrgicamente a Olivia y logra salvarle la vida.

Siguiendo las instrucciones de un misterioso libro titulado «Los primeros hombres», Peter construye una máquina singular con una repercusión muy poco clara en el porvenir de los universos. Walter está en contra. La máquina se construye y solo Peter puede comunicarse con ella. Las apariciones de Septiembre son más frecuentes y se percibe en él un papel especial. Su conocimiento de los humanos ha traspasado los límites de los demás observadores, ya que ha llegado a comprender sus sentimientos. Cuando Peter utiliza la máquina, se produce unos sucesos con la apariencia de paradojas espacio-temporales difíciles de seguir. Esa máquina de un solo uso parece haber borrado parte de la memoria de todas las personas excepto la de Peter. Ha sucedido una especie de cambio de la línea temporal.

El mundo está a punto de transformarse. Septiembre, el observador, se lo anuncia a sus amigos humanos: ¡ya vienen! («They're coming!»), es la proclamación, apenas afectada pese a su devoción por los humanos, del tenebroso cambio que se avecina. Olivia, Peter y su pequeña Etta pasaban un día en el parque de la ciudad, cuando los observadores comienzan a aparecer como de la nada. La escena se interrumpe con los rostros desencajados de los protagonistas ante el horror que intuyen. Un nuevo orden mundial se implanta bajo la tiranía de los observadores, que tienen las riendas del poder. Los humanos se dividen en fieles, que son marcados con un número en el pómulo, y no fieles, entre los que se halla la resistencia, los rebeldes.

Transcurren veintiún años hasta que se descubre que Walter, Olivia, Peter y Astrid han permanecido atrapados en ámbar desde la invasión de los observadores. Nada se sabe de los observadores que pacíficamente estudiaban el comportamiento humano. En particular, no hay rastro de Septiembre, cuyo protagonismo se intuía cada vez más importante. De hecho, nada más salir del ámbar, Walter cuenta a sus amigos que Septiembre y él elaboraron un plan para salvar al mundo de los observadores. Desgraciadamente, Walter es capturado por los observadores, quienes tienen la capacidad de leer la mente de los humanos, y someten a Walter a tortura mental. El jefe de ellos, Windmark, es particularmente expeditivo.

Medio enterrado en el ámbar, el abandonado laboratorio de Harvard se convierte de nuevo en la base de operaciones de nuestros protagonistas. Walter no recuerda nada sobre el plan para salvar al mundo pero su mente prodigiosa y su entusiasmo no le permiten rendirse. Los supervivientes del antiguo equipo Fringe logran ponerse en contacto con la resistencia, entre cuyos líderes se encuentra su Etta, la amada hija de Olivia y Peter, hecha ya una mujer madura por la dureza de la vida, pese a su juventud. Walter va recuperando cintas de vídeo que se hallaban ocultas en el ámbar, que constituyen capítulos del plan elaborado por Septiembre y por él para salvar al mundo. Las cintas de vídeo les proporcionan pistas, y las pistas les llevan a recolectar piezas que se suponen necesarias para llevar a cabo el plan. El entusiasmo de Walter y de los demás se ve socavado en ocasiones por episodios de pesimismo, porque la tarea de salvar al mundo de los todopoderosos observadores parece inalcanzable. La fe de Walter en sí mismo y en su amigo Septiembre va cobrando el carisma de una creencia religiosa. En ocasiones el espectador se plantea si no será todo el plan un espejismo cuyo único fin es alentar en los rebeldes la esperanza, más allá de toda razón, en un futuro libre.

Los observadores parecen invencibles. A sus poderes para leer la mente de los hombres se une su capacidad para viajar libremente por el tiempo. Son la evolución de la raza humana, fruto de la selección de unos cerebros con una capacidad intelectual muy superior a la de los humanos normales, pero sin capacidad para los sentimientos. Además, los observadores llevan un dispositivo incrustado en la base del cráneo, que potencia sus facultades cerebrales. Windmark es el jefe observador y su frialdad es interpretada por los humanas como despiadada crueldad. En un enfrentamiento con los protagonistas, mata a Etta. Peter y Olivia sufren con inmenso dolor la muerte de su hija y en Peter nace un odio tremendo hacia Windmark.

La resistencia logra capturar a un observador y le extraen el dispositivo conectado al cerebro. Peter, furtivamente, se lo implanta a sí mismo. En pocos días, su comportamiento se altera. Se vuelve más frío y comienza a desarrollar la capacidad de hacer predicciones temporales y de viajar por el tiempo. Está desarrollando un plan para matar a Windmark para vengar a Etta, pero Olivia lo descubre y le ruega que se extraiga el dispositivo antes de que sea demasiado tarde. Ese no es el camino. Cuando está a punto de producirse el suceso que llevaría, según los cálculos de Peter, a la muerte de Windmark, decide escuchar los ruegos de Olivia y se extrae el dispositivo. Peter abandona su cruzada particular y se reincorpora al plan de Walter.

La recogida de pistas y elementos, aparentemente inconexos, para el plan se sucede hasta llegar al último eslabón: Michael, un niño observador. Es el único niño observador que se conoce y, en realidad, fue rescatado por el equipo Fringe mucho tiempo atrás y custodiado por una familia. Es un niño que no habla, pero parece entender todo. Además, parece también tener cierta sensibilidad ante las emociones humanas. Según la última cinta de vídeo, un tal Donald, supuestamente amigo de Walter aunque él no lo recuerda, entregó el niño a la familia.

Mientras tanto, Windmark viaja en el tiempo para comunicar a su superior observador la aparición del niño. Ha averiguado que es importante para los rebeldes, pero no sabe por qué. En realidad, el niño es una conocida anomalía del programa de ingeniería genética de los observadores. Debió ser eliminado hace tiempo. El jefe de Windmark dice que es irrelevante que el niño viva o muera.

Con el paso del tiempo, se notan ciertos brotes superficiales de sensibilidad emocional de algunos observadores, presentados como leves manías u obsesiones, por ejemplo, seguir con el pie el ritmo de una canción. Windmark se da cuenta de que ha surgido en él una determinada inclinación hacia los rebeldes que va cobrando fuerza en su interior, lo que los humanos llaman odio. Windmark se propone capturar al niño y eliminarlo. Siente mucha rabia por no saber por qué es tan importante para los rebeldes.

Como Michael no abandona su silencio, Walter trata de comunicarse con él con un dispositivo que conecta sus cerebros mediante unos complejos sensores, pero el niño sorprende a todos cuando se quita tranquilamente el dispositivo de la cabeza, se levanta y se acerca a Walter. El niño coloca su manita sobre la cabeza de Walter y la mantiene unos segundos durante los cuales se produce una comunicación a un nivel superior a cualquier modo de comunicación humana conocido, en lo que resulta una escena subyugante, al final de la cual Walter comprende cabalmente cuál es el último paso que deben dar para terminar de elaborar el plan para salvar al mundo. Michael ha revelado a Walter la fisonomía y la identidad de Donald. Ciertamente, Donald era amigo de Walter, puesto que Donald es Septiembre.

El deseo creado en el espectador de ver algo esencial en el protagonismo de Septiembre se ve recompensado con su reaparición en el desenlace de la serie. La comunicación de Michael con Walter y con el resto de la humanidad se ha reducido a un solo momento comunicativo, el singular abrazo informativo-emocional en que Michael envolvió a Walter durante esos breves instantes en que tocó su cabeza con la mano. A estas alturas no cabe duda de la abrumadora mente del niño observador, pero su verdadero protagonismo aún no se ha desvelado.

En su comunicación con Walter, Michael no solo reveló la identidad de Donald sino también su lugar de residencia, lo que permite al grupo localizarle. En un emocionante encuentro, Donald —Septiembre— y Walter se funden en un abrazo. Septiembre les relata cuál fue su suerte y la de los otros observadores —doce con él— que habían sido destinados a estudiar la época de Walter. Todos fueron destituidos por haber sucumbido en mayor o menor grado a las emociones humanas. A Septiembre le extirparon el dispositivo cerebral y quedaba convertido en un humano común. El pelo creció en su cabeza y su vida había sido desde entonces como la de cualquier otra persona.

Septiembre explica cuál es el origen, y el destino planeado, de Michael. En el año 2167 un científico descubre que es posible potenciar la capacidad racional humana a costa de recortar la capacidad emocional. La idea es acogida favorablemente por la comunidad científica y lleva, en último término, al desarrollo de una raza superior de humanos, la que los nuestros denominan observadores. Sin embargo, algo sucede fuera de los planes de los observadores: una anomalía surge inesperadamente de su hipercontrolado programa genético: un niño con capacidad dual: su potencia intelectual racional parece tan desarrollada como la de los observadores, pero, inexplicablemente, presenta también capacidad emocional. Lo normal habría sido destruir la anomalía pero Septiembre lo impidió: el niño era su hijo.

Septiembre es, en definitiva, quien da consistencia al plan. Su idea es construir una máquina para viajar en el tiempo. Los elementos necesarios para construirla los ha ido recolectando, sin saberlo, el equipo Fringe, pero solo Septiembre tiene los conocimientos necesarios para construirla. Él y Michael viajarán en el tiempo hasta el momento preciso del año 2167 en el que los científicos están a punto de decidir el futuro de la humanidad. La existencia de Michael es el elemento crucial que demuestra la posibilidad de una raza superior de hombres en la que coexistan un intelecto superior y una sensibilidad emocional igualmente desarrolladas. Si consiguen convencerles, la estirpe de los observadores no existirá y, de vuelta en los comienzos del siglo XXI, la invasión nunca habrá tenido lugar. Septiembre es consciente de que la ejecución del plan implicará su destrucción personal, pero está dispuesto a realizar ese sacrificio.

Entretanto, Windmark ha logrado capturar a Michael y lo somete a estudio y a escrutinio mental. Los investigadores descubren en él un cerebro tan desarrollado intelectualmente como el de los observadores sin menoscabo de sus capacidades emocionales, lo que resulta tan incomprensible como inquietante. Cuando Windmark trata de leer al niño, no solo este resulta inmune al escrutinio mental, sino que provoca en Windmark los mismos síntomas que este producía en sus víctimas: dolor de cabeza, hemorragia nasal y aumento de la tensión ocular. Desesperado, su odio alcanza ya proporciones casi humanas.

Mientras Septiembre construye la máquina del tiempo, los demás van al rescate de Michael. Gracias a Broyles, que desde el principio de la ocupación había permanecido como un agente de la resistencia infiltrado en las filas de los observadores, averiguan que Michael se encuentra retenido bajo infranqueables medidas de seguridad en la Isla de la Libertad. Solo mediante un doble salto a través del universo alternativo, algo que solo está al alcance de Olivia dopada con Cortexiphan, hay esperanza de rescatatarlo. En una última aventura, que a Olivia le permite despedirse de su alter ego, rescatan al niño y lo conducen de la mano de Septiembre a la máquina del tiempo.

Por un defecto en las piezas, la máquina construida por Septiembre carece de la fuente de energía necesaria para ponerla en funcionamiento. El único medio de utilizarla es aprovechar uno de los envíos de mercancía que rutinariamente llevan a cabo los observadores a través del tiempo, pirateando las coordenadas espacio-temporales mediante la nueva máquina. La misión es difícil porque está protegida por personal armado, quien, al descubrir a los rebeldes, trata de impedirlo. En el umbral de la puerta temporal, Septiembre es herido mortalmente en medio de un tiroteo y el niño queda solo. Walter comprende entonces el anuncio que había recibido mucho tiempo atrás acerca de la necesidad de su propio sacrificio. Solamente si él viaja con Michael al año 2167 habrá una oportunidad para su hijo Peter, para su amiga Olivia y para que ambos se reencuentren con su hija Etta; solo así habrá una oportunidad para una Humanidad libre. En su despedida, Walter reconoce a Astrid la belleza de su nombre, el cual jamás había sido capaz de pronunciar sin equivocarse, un símbolo que actúa como recordatorio final al espectador, de la desarrollada sensibilidad de Walter, nunca reñida con su extraordinario intelecto. Por fin, Walter toma de la mano al niño que dócilmente se deja llevar a su destino y atraviesa con él la puerta temporal, con la esperanza de corregir así una vida demasiado accidentada por los excesos científicos.

La última escena transporta al espectador al parque de la ciudad en la que Olvia, Peter y la pequeña Etta pasaban alegres y despreocupados una soleada tarde de domingo.